REFLEXION

 

En este Web no tienen cabida ni las discusiones ni las opiniones políticas partidistas, pero ante la actual situación de fractura en el pensamiento social que hoy vivimos, consecuencia de los hechos políticos que se producen y la inquietud que ello provoca en las gentes de bien, no podemos permanecer en un silencio que pueda ser interpretado como abulia, pasividad, indiferencia o despreocupación; Hay cosas que nos duelen, con las que no podemos estar de acuerdo y que, además, consideramos errores graves que no conducen mas que al desasosiego y a un futuro incierto que, de no controlarse y reconducirse, podría llegar a la quiebra de la paz social incluso en mayor grado del que se ha venido produciendo en la Comunidad Vasca y empieza a aparecer en la Catalana.

Como españoles, son muchos los problemas que nos preocupan pero sobre ellos el enfrentamiento que los dos grandes partidos que aglutinan el voto de la inmensa mayoría, mantienen entre sí. Esa situación conduce inevitablemente a la división del pensamiento social en dos grandes masas antagonistas, que por serlo, no discriminan lo vital de lo superfluo llegando unos desde la descalificación y el insulto a la falsedad histórica para imponer su particular criterio y otros enfajándose en la malévola y cobardona frase de “lo políticamente correcto” aceptando el juego de las medias verdades y exibiendo la tibieza de sus propias convicciones.

Problemas que afectan a la inmensa mayoría de la sociedad, se resuelven mediante el enfrentamiento de la simple aritmética parlamentaria que dadas las circunstancias de la actual ley electoral, da a las minorías nacionalistas un poder decisorio sobrevalorado de su verdadera representatividad, facilitando la discrepancia, la falta de consenso y la dirección partidista en asuntos que son, no ya sensibles, sino de vital importancia para la sociedad en su conjunto como son las propias Instituciones desde la familia a la justicia amen de la educación, la inmigración, las reformas estatutarias, la seguridad, la política exterior y la lucha contra el terrorismo.

Se dice que todo gobierno democrático debe ejercer su acción para todos, incluyendo en “todos”, los que votaron otras opciones. Si esa sentencia se admite como verdad, solo el camino del respeto a la justicia, de la negociación y la búsqueda del consenso social puede conducir a la acertada acción gubernamental. La imposición de los criterios partidistas apoyándose en minorías insolidarias, conducirse al filo de la navaja de la ley y despreciar la sensibilidad de importantes masas sociales es por el contrario una actitud cuando menos sospechosa de talante falsamente democrático.

Los hechos que hoy se producen ¿Bajo el paraguas? De esa negociación llamada por algunos “proceso de paz” con grupos marginales antidemocráticos y terroristas, como los chivatazos policiales a etarras, la aparente solicitud a la justicia de adecuar sus sentencias a la situación adecuando el filo de la ley a la conveniencia, el procesamiento de policías con altas responsabilidades falsificadores de informes, la aportación policial de pruebas falsas en el mayor caso de terrorismo y en definitiva las sombras que se vierten sobre Instituciones vitales como es la Justicia y la Policía, nos asombran, nos avergüenzan y nos hacen temer.

El enfrentamiento no disimulado entre la mayoritaria representación de las victimas del terrorismo y el Gobierno, en el que los primeros exigen  memoria, dignidad y justicia negándose a toda negociación política sin la previa rendición de cuentas de los asesinos, nos lleva a alinearnos con las victimas. Como cristianos estaremos dispuestos a ser magnánimos y caritativos, pero siempre previa voz de la justicia y propósito de enmienda de los encausados. Por desgracia nada más alejado de la realidad hoy.

Otro motivo de preocupación es la revisión estatutaria y como buque insignia de ella el Estatuto Catalán. A nuestro juicio quebranta la solidaridad y la igualdad en aspectos fundamentales como son los jurídicos, educativos y económicos y dejan abierta la puerta a una distinta organización territorial que podría quebrar la Unidad indivisible de España como patria única. Queremos confiar en que aun debe pronunciarse el Tribunal Constitucional sobre los recursos planteados, pero en este punto nos preocupa la conducción de las masas mediante frases lapidarias y equivocas como “España será lo que quieran los españoles”.

Somos conscientes de que las sensibilidades sociales son cambiantes y que por ello el progreso y la paz social exige adecuar los sistemas y las políticas a estas sensibilidades. Pero es preciso tener en cuenta que estos cambios se producen muy lentamente y de forma dispar según los grupos que conforman toda sociedad y hoy con la inevitable globalización provocada por la rapidez de información y movimientos migratorios, las percepciones son enormemente variopintas. Las sociedades conformadas de antiguo que han sido capaces de evolucionar a la modernidad sometidas al derecho, la moral y la ética, deben saber volar al aire de los tiempos sin perder las balizas que dirijan ese vuelo, balizas que se afianzan en sus raíces.

Raíces y alas serian un buen lema para una sociedad que quiera progresar en paz y España es una de las naciones más antiguas de Occidente con raíces muy profundas. Es un equivoco y peligroso que cada región quiera buscar en la falsedad, el invento, la fabulación o la leyenda un origen nacional buscando la quiebra de esas raíces comunes que nos han permitido llegar a hoy. Por eso el riesgo de esas frases lapidarias como si cada generación partiera de cero y pudiera organizarse política y territorialmente a su antojo. Los españoles somos consecuencia inevitable hoy de nuestros antecesores y los de mañana lo serán de nosotros. Esta cuestión supone la más alta responsabilidad y todo aquel que se apreste, con espíritu de servicio, a conducir la sociedad no debe desdeñar.

Desde el punto de vista militar, puesto que nos formamos, ejercimos antes de la transición y permanecimos en activo hasta finalizados los noventa: nuestro inquebrantable amor a España, englobando en ella sus tierras, sus gentes y su multiplicidad cultural, nuestro sentido del honor entendiendo como tal el obrar siempre bien, nuestro sentido de la disciplina entendida ésta supeditando los particulares intereses a valores superiores, nuestro sentido de la lealtad que nos obliga a exponer nuestra percepción con claridad y honestidad, el respeto a nuestros antecesores, héroes y tradiciones y el valor, que nos impulsa a no arredrarnos ante el desafío y el riesgo. Nos han hecho y hacen pasar tribulaciones en silencio cuando se denigra, se miente y se falsea sobre aquellos que nos antecedieron, algunos que nos formaron, muchos que engrosan las galerías de héroes de nuestros Museos y Regimientos y como más extraordinario la acción llevada a cabo el pasado verano, en plena época vacacional, en silencio, fue retirada la estatua ecuestre de Franco de la Academia General Militar. Fue su fundador, constituyo el referente militar y humano para la mayoría de los militares que han pasado por ese solar hasta bien entrados los años ochenta, muchos aun en activo y con cargos de alta responsabilidad. Produce una sensación de deslealtad que echa por tierra los valores que aun se describen y se exigen en las Reales Ordenanzas Militares.

Hace tiempo empezamos a percibir y hoy estamos convencidos de donde viene tanta inquina, solo el revanchismo, el sectarismo, el desconocimiento y la falta de valores pueden constituir el caldo de cultivo de tanta infamia social.

 

El Webmaster